Slide background
Slide background
Slide background
Slide background

Abogada de los Enfermos

Historia del Titulo

En el año 2018 se cumplen cien años de aquel evento en que varios de nuestros ancestros murieron ante la influenza, en aquel tiempo fue conocida como: “Gripe española o peste española”. 

   En octubre de 1918, ingresó a México por Estados Unidos de América, aunque algunas fuentes indican llegó por el Puerto de Veracruz, la epidemia, se convirtió en una pandemia, y propició la muerte de casi 50 millones de personas a nivel mundial.

   En Santa Anita los primeros contagios se dieron en los primeros días de noviembre. Cada casa era un hospital, así lo señala Fray Luis del Refugio Palacio y Basave, Guardián del convento y santuario, agrega que había tres o cuatro personas postrados en su petate; la falta de medicamentos diezmó la salud de la población.          

  El comisario Juan Partida hacía múltiples esfuerzos por evitar la propagación de la epidemia, atendía con esmero las indicaciones de las autoridades civiles y las daba a conocer a los habitantes: Dos personas máximo en los negocios (molino, panadería, tiendas de abarrotes) Iglesia cerrada para evitar concentraciones, y la sepultura diaria a los fallecidos. 

   

Para llevar al cementerio a los fallecidos utilizó su carreta y un caballo, diariamente salía de casa a las cuatro de la mañana, su única protección era un paliacate sobre boca y nariz e iniciaba su recorrido por las silenciosas calles, de las cuales los vecinos al escuchar el característico sonido producido del golpeteo de las ruedas con las piedras abrían la puerta e informaban la muerte de un familiar o directamente iba a donde sabía había personas contagiadas y preguntaba ¿Cómo amanecieron? en algunas ocasiones recibía información de que varias personas habían fallecido. Pasaba al interior de la casa, enrollaba el petate donde había fallecido la persona y con un mecate lo amarraba, luego de despedirse lo levantaba y ponía sobre su hombro y lo depositaba dentro de la carreta.

   

   Se ayudó de la buena voluntad de varios vecinos que apoyaban en el cementerio cavando una fosa común y cuando esta se llenaba preparaban una nueva. A la llegada de la carreta cargada de cadáveres al cementerio, acomodaban de espaldas la carreta a la fosa, desuncían el caballo y la carga caía. Más de alguna ocasión se dio cuenta que algunas personas estaban en agonía por los leves quejidos emitidos, pero sabía que no podía hacer nada, ante la falta de atención médica y de medicamentos, y con dolor esperaba que cesaran los sonidos, luego el espacio era cubierto con tierra y agregaban gran cantidad de cal para evitar la proliferación de bacterias.

   Al término de su actividad diaria regresaba a su casa para bañarse, posteriormente ponía alcohol sobre su cuerpo para eliminar cualquier bacteria, su ropa era puesta en agua hirviendo para esterilizarla. Luego de un descanso se trasladaba al Registro Civil para redactar las actas de defunción, pero cuando no tenía la información completa no podía elaborarlas, perdiéndose la información precisa de cuántas personas fallecieron. 

   

   Los pobladores, ante la angustia de que la epidemia acabara con todos, atinaron a solicitar la presencia de la Sagrada Imagen de Santa Anita para que pasara por las calles para bendecir a sus hijos y que les librara de semejante enfermedad. El padre don Manuel Ortiz escuchó atento la petición de los fieles y solicitó al guardián, y al provincial de la Orden de Frailes Menores la autorización para que la imagen de la Santísima Virgen recorriera el pueblo, al conseguirlo se llevó a cabo al día siguiente y tan solo murieron dos personas más (por encontrarse muy avanzada la enfermedad) 

   Se cuenta que en la peregrinación iban los pobladores muy débiles por el hambre y el dolor por la muerte de los seres queridos y amigos, de su corazón sin duda, que saldrían plegarias acompañadas de lágrimas. Nuestra Madre recogió esa pena y la llevó ante su Hijo, que atendió solícito a los ruegos de su Madre.

   Este y otros prodigios más, dieron por resultado que a la Virgen de Santa Anita se le llamara a petición de los pobladores:

 

“ABOGADA DE LOS ENFERMOS” 

 

Ma Aurora Alcántar Gutiérrez

Cronista Municipal de Santa Anita.